El futuro de la IA agéntica: de la automatización a la autonomía estratégica

Escribe María Soledad Matos, gerente general de Kyndryl Chile

La transformación digital está dejando de ser una promesa para convertirse en un motor real de cambio en las organizaciones. Hoy, la autonomía tecnológica marca un salto cualitativo: ya no hablamos solo de sistemas que ejecutan instrucciones, sino de soluciones capaces de planificar y resolver tareas complejas, aprendiendo y adaptándose en tiempo real. Este avance redefine la automatización y exige una visión estratégica que combine tecnología, talento y confianza.

Según el Kyndryl Readiness Report, el 87% de los líderes empresariales considera que la AI transformará roles y responsabilidades en el próximo año, aunque solo el 31% se siente completamente preparado para gestionar riesgos externos como ciberataques y disrupciones económicas. A esto se suma que el 61% de los líderes percibe mayor presión para justificar el retorno de inversión en tecnología que el año anterior, y el 54% reporta rendimientos positivos, aunque el 62% aún no logra pasar de la fase piloto a una operación consolidada. Además, más de la mitad de los líderes reconoce carencias de habilidades críticas en sus equipos, lo que dificulta la adopción de soluciones avanzadas.

¿Por qué es clave medir el impacto de la autonomía tecnológica?


En el contexto actual, donde la presión por justificar inversiones es cada vez mayor, medir el impacto de la autonomía tecnológica se vuelve esencial para la toma de decisiones informadas y la sostenibilidad de los proyectos. Sin métricas claras, las iniciativas corren el riesgo de quedarse en la fase piloto o perder apoyo interno.
Las mediciones nos permiten:
  • Identificar rápidamente qué proyectos generan valor real y cuáles requieren ajustes.
  • Comunicar resultados de manera transparente a los equipos y a la alta dirección, generando confianza y alineación estratégica.
  • Justificar nuevas inversiones y escalar soluciones exitosas, asegurando que la autonomía tecnológica no sea solo una tendencia, sino un motor de crecimiento sostenible.
  • Aprender de la experiencia, optimizando procesos y maximizando el impacto positivo en la organización.

En definitiva, medir el impacto no es solo una cuestión técnica, sino una decisión estratégica que permite transformar la promesa de la autonomía tecnológica en resultados concretos y sostenibles. Más que una exigencia de negocio, es una oportunidad para aprender, optimizar y demostrar que la innovación puede ser no solo eficiente, sino también humana y responsable, impulsando confianza y crecimiento en un entorno cada vez más dinámico.

De la tecnología a la estrategia: claves para liderar la autonomía


El éxito en la adopción de soluciones autónomas no depende solo de la tecnología, sino de una visión integral que combine gobernanza, talento y resultados medibles. En primer lugar, requiere marcos sólidos de control, auditoría y ética que garanticen transparencia y seguridad. Además, es fundamental impulsar una cultura organizacional que apueste por la formación continua y fomente la colaboración entre personas y tecnología. Y, finalmente, es clave integrar la autonomía en procesos críticos, medir su impacto y comunicar avances con claridad para generar confianza y acelerar la transformación.

Más que una simple evolución, la autonomía tecnológica representa una transformación estratégica en la forma de concebir el trabajo y la toma de decisiones. Las organizaciones que lideren este cambio serán aquellas que combinen autonomía con supervisión humana, ética y propósito. El desafío no es solo técnico, sino estratégico y cultural: se trata de construir resiliencia, innovación y crecimiento sostenible en un entorno cada vez más incierto.

Como líderes, debemos considerar a la autonomía tecnológica como una invitación a repensar cómo creamos valor, gestionamos el cambio y construimos confianza en la era digital. El verdadero desafío —y la gran oportunidad— está en combinar la autonomía de las soluciones con la visión y el juicio de las personas. Así, la tecnología dejará de ser una promesa para convertirse en un aliado estratégico en la construcción de organizaciones más resilientes, ágiles y preparadas para el futuro.

(*) María Soledad Matos: Gerente general de Kyndryl Chile